Bajo el alero de la noche…
Motivos para celebrar sobraban. Se había tratado de la primera vez en muchas facetas para la muchacha, por ello, y decidida a instaurar una tradición, invitó a todos sus Pokémon a unas merecidas malteadas de chocolate. Las que compradas ella cargó, ya que Carboncio no tenía manitas para sujetar el envase y Sasha, seguramente, la destruiría con su hocico; Holy, por su parte, replicó algo entristecido, porque tenía la fisonomía ideal para llevar su recompensa, a lo que la entrenadora solo respondió esbozando una sonrisa.
- Calma, verás que todos nos vamos a divertir ¿Cierto?
Hasta ese momento, la alegría de Satine era tal, que no le importó pasar cargada por al lado de la muchedumbre, ni siquiera les prestó atención. Lo único importante era ella y sus compañeros, ya que sería la primera vez que compartirían todos juntos.
La idea de las malteadas había sido una copia descarada a la costumbre que tenía Glenn, el cual siempre al obtener alguna victoria, llevaba a sus compañeros a beber toda la malteada que ellos quisieran. Lo divertido era cuando se excedía en el dinero, ya que Sasha, su hermana mayor, debía acudir del trabajo a pagarle la deuda restante. Las peleas que sucedían a esos eventos no podían ser menos irrisorias.
Finalmente se encontraban debajo de un enorme árbol, el cual les daba la sombra suficiente para relajarse y recrear el tiempo que les quedaba. Ya estaba comenzando a oscurecer y, pese a todo, Satine se sentía demasiado cansada, cosa que era compartida por sus pokémones. De hecho, Sasha ya se adormecía en el regazo de Holy, sin siquiera haber probado una gota de la malteada. Por otro lado, Carboncio bebía suavemente, ayudado por una extensa bombilla.
- ¡Oddish!- exclamaba la criaturita cada tres o cuatro sorbos. Era algo demasiado delicioso para él, debiendo detenerse para sentarse y asimilar la dulzura de su paladar.
Por su parte, Satine, los contemplaba a todos maravillada. Podía ser que en un principio la Poochyena hubiese sido un problema, pero ya se había acostumbrado a ella y, quizás, ella podía ser una excelente guardiana frente a otros y peligrosos pokémones siniestros. Ciertamente, para ella, era una ventaja contar con una defensora de la misma naturaleza de lo que ella temía.
- Sasha, oye, pequeña.- Comentaba acariciándole el regazo.- ¿Te quedarás sin tu malteada?
La Poochyena abría una de sus ojos y girando, aproximaba su hocico a la bombilla, sin resultado aparente. La chica no tuvo más remedio que reservarle su malteada para después. Si bien Sasha no había combatido en el gimnasio, sí había derrotado muchos digglets al interior de la mina.
- ¿Y tú, Holy?- Esbozó sonriendo, mientras contemplaba al lagarto.
-¡Char!- Comentó muy animado, dando unos cuantos tragos a la malteada, mirando de reojo al Oddish, queriendo hacer competencias con él. Por desgracia, Carboncio estaba muy ido en su felicidad como para seguirle el juego.
- Oh, vamos, yo competiré contigo.- Adelantó Satine, comprendiendo las intenciones de su compañero.
Fue así como pasaron los últimos minutos de la tarde, atorándose lagarto y muchacha, sin importarles lo que decía u opinaba quienes pasaban por alrededor. Ya de vuelta a casa y con el estómago revuelto, la castaña pensaría avergonzada sobre lo ridícula que debió haberse visto.
Tan pronto llegó al centro Pokémon, la muchacha corrió para abalanzarse en la cama que le habían dispuesto. Sentía como su cuerpo flotaba, mientras enterraba su cara contra la almohada, girándose para mirar de reojo a sus muchachos.
- Chicos, si fuera por mí, todos dormiríamos afuera, pero ¿Qué demonios? Apachúrrense contra mi cama. – Y sin más, la muchacha volvió a sumergirse en la cobija de plumas, dejando torpemente su sombrero al lado del bolso. A los pocos minutos, la chica no era más que ronquidos y baboseos.
Sasha fue la primera en seguir a su dueña, acomodándose debajo de los pies de ésta, se echó mirando agotadoramente al Charmander y al Oddish. Holy se quedó mirando el lugar, antes de sentarse cerquita de Carboncio, preguntándole todo cuanto el rábano pudiera contarle sobre su enfrentamiento. De hecho, ambos pasaron un buen rato susurrando entre los ronquidos de su dueña, riendo y disfrutando. El Pokémon de hierba no dejaba de relatarle lo temeroso que se había encontrado y como vio pasar su vida ante esa Cubone, incluso hubiese querido llorar; por otro lado, Holy, le aconsejaba que lo mejor era inflar el pecho y confiar en Satine, aunque se lamentaba el no poder haber rendido demasiado; por lo mismo, se había prometido entrenar mucho más para así lograr evolucionar. Holy pensaba nunca más dejarse empatar. Y fueron tales las palabras del lagarto, que Carboncio sintió una profunda admiración por su camarada. Finalmente y sin darse cuenta, los dos se adormecieron uno al lado del otro.
La noche coronaba el espacio y el tiempo. Su brillo escapaba a través de las ventanas y toda abertura que le permitiese un poco de fuga. El susurro del viento y la tierna calma del lugar se abrían perfectas para acechar, para quebrar y profanar la atmosfera: Para robar.
Mientras Sasha orquestaba como acompañamiento a los ronquidos de Satine, una suave sombra se alzó por el lugar. Entre sigilosos movimientos y astutas posturas, observó detenidamente cada una de las camas del centro Pokémon. Para su fortuna, muy cerca de él y próximo a una ventana, estaban Carboncio y Holy, acurrucados, durmiendo apaciblemente. Era obvio lo que tenía que hacer. Quizás, ese sería el robo más fácil de su carrera.
Rápidamente y doblándose entre la oscuridad, alzó sus manos para tomar al Oddish, el cual, abriendo sus ojitos, esbozó una suave queja, la cual fue oída por el Charmander. Lamentablemente, la acción de ambos, hizo que el bolso de Satine se girara, haciendo caer las pokebolas de cada uno, encerrando a Charmander sobre ella, mientras la sombra se alzaba con el Pokémon de hierba hacía la ventana. La entrenadora se giró en la cama sintiendo los ruidos.
- Ya, Glenn, ya… mañana vamos a comprar estampitas para tu Luvdisc.- Los ronquidos de la muchacha volvieron a llenar el ambiente. Mientras, las cortinas de la ventana se movían apacibles. Dejando entrar una gran cantidad de viento.
Comenzaba a amanecer, cuando una somnolienta y obstruida Satine, asomó su cabeza, viendo que sobre el piso estaban sus pokebolas. La muchacha volvió a pegar su cabeza contra la almohada, restándole interés. Sin embargo, al tomar plena consciencia del hecho, rápidamente se incorporó, procediendo a revisar su bolso y luego sus pokebolas. Holy salió de una de ellas sumamente preocupado, corriendo hacía la entrada del centro Pokémon. Al poco revisar el resto, la castaña se dio cuenta del problema: Faltaba Carboncio.
De un salto, corrió hacía donde Holy, despertando en el acto a la Poochyena, quien sin saber que pasaba, se lanzó detrás de su ama. Ya, no obstante, era demasiado tarde para el Oddish.












